La tarjeta de la Sal de Bazán

Por Begoña Gándara

Comentario

 

En el último tramo de Emilia Pardo Bazán, donde se ubica este local, y también en sus aledaños, se han ido aglomerando a lo largo de los últimos años una serie de locales de picoteo y/o restaurante caracterizados por ofrecer “un algo más” de lo que habitualmente se venía ofreciendo, y que ahora es más frecuente (novedades y originalidad en la oferta de platos y su preparación, decoración esmerada, etc). Supongo que ha sido también la pretensión de La Sal de Bazán, inaugurado hace no muchos meses; y digo supongo porque tras nuestro paso por este local, creo que han puesto más intención que acierto.

Begoña & Begoña
Begoña & Begoña

 

Recientemente hemos ido un grupo de nueve personas, y comprobamos al entrar que, al menos de popularidad no andan escasos, porque estaba lleno, tanto en la parte de picoteo (con mesas altas y taburetes) como en la de restaurante; lo cual no justifica el ruido ensordecedor del local, no sé si atribuible al número de mesas, a la distribución, a materiales mal elegidos, o a qué, pero que resulta de lo más estresante (prácticamente ni nos oíamos).

 

La carta era prometedora: los entrantes incluían tanto propuestas más o menos tradicionales como otros platos más elaborados, y tres o cuatro ensaladas; como platos fuertes ofrecen varios tipos de carne, algunos pescados, y arroz caldoso/fabada/callos. En todos (o casi) incluyen ingredientes o preparaciones atractivas y originales. La carta de vinos, suficientemente amplia como para abarcar gustos y bolsillos diversos.

Croquetas de boletus
Croquetas de boletus
Cecina de vaca con aceite virgen
Cecina de vaca con aceite virgen

 

Para los entrantes no fuimos excesivamente audaces: croquetas de boletus (discretas, conseguir una buena bechamel es difícil) y cecina de vaca aliñada con aceite de oliva (exquisita). Para los segundos, la mayoría se decantó por el pollito tomatero relleno de boletus y foie, de buena presentación, pero a decir de los comensales, sin un sabor reseñable y con una excesiva presencia del relleno; la presa de cerdo ibérico con crema de castañas ofrecía una generosa cantidad de carne, como se aprecia en la ilustración (que me sorprendió tener que trasegar con un cuchillo de punta roma), para mi gusto quemada por el exterior, acompañada con unos boletus a la plancha, y todo ello digno del mejor menú para hipertensos (nada de sal, o en su defecto, de ningún otro condimento), con lo que comerlo, al menos para mí, fue casi desagradable y mal subsanado echándole sal (sacrilegio máximo, lo sé, pero creo que si no no hubiera podido con más de dos bocados); los que dieron cuenta de la caldeirada de pescado, con patatas y pimiento verde, comentaron que se aproximaba más a un pescado a la gallega, cocido aparte (y algo insípido) con una ajada con buen pimentón por encima, y que la proporción pescado-acompañamiento no estaba equilibrada; salvable la ensalada templada. Postres: algo de queso (potente), un sorbete de maracuyá (logrado) y souflé de chocolate (más próximo por la textura a un brownie) con helado de vainilla, de sabores bien complementados.

Caldeirada de pescado
Caldeirada de pescado
Ensalada templada
Ensalada templada
Pollito tomatero relleno de boletus
Pollito tomatero relleno de boletus
Presa de cerdo ibérico

 

Todo esto, junto con una elección de vino equivocada (Erre Punto, bodegas Fernando Ramírez de Ganuza, Rioja alavesa, tinto joven de maceración carbónica, francamente malo), dio como resultado que saliésemos, aparte de atronados, bastante quemados (ni siquiera tomamos café). Creo que un precio por persona cercano a los 40 euros merece un poco más de ese “algo más” que mencionaba al comienzo. Una buena fachada no es suficiente.

 

Nada diré del servicio, que me pareció correcto, sin más, aunque, por las dificultades para deambular por el local y para entenderse con la clientela, aparentaban estar un poco sobrepasados.

 

No es intención de quien suscribe hacer una crítica que pueda ser considerada demoledora o gratuita, sino simplemente dar mi humilde opinión sobre una experiencia de la que creo no haber obtenido conclusiones aventuradas, y que no pasa de ser eso, una opinión. La Red no debe ser considerada “palabrita del Niño Jesús”, sino simplemente un lugar donde, libre y respetuosamente, y a la vista de distintas opiniones, cada uno saque su propia conclusión.

 

Formas de pago: Las habituales. Se admiten tarjetas.

 

Ficha


 

Dirección: Emilia Pardo Bazán, 21.

Ciudad: A Coruña

Región: Galicia

Teléfono: 881 963794

Web: www.lasaldebazan.es

Correo electrónico: [email protected]

Localización:

Instalaciones: Bonito diseño de interior (baños incluidos); impresionantes fotos de Santos-Díez/Ana Maneiro, es meritorio apoyar a los profesionales patrios.

Parking: El más próximo, el de Plaza de Vigo; no está lejos el de Plaza de Galicia.

Servicios: Picoteo y restaurante.

Precio: Entre 35 y 40 euros. Véase la factura de 9 personas.

Factura de nueve comensales

Mejoras: Básico solucionar el problema del ruido.

Estrellas Michelin u otras distinciones: Demasiado reciente para galardones.